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A NOVA DEMOCRACIA BRASIL: NUEVAS FUERZAS

A NOVA DEMOCRACIA BRASIL:

 

NUEVAS FUERZAS

 

 

Aunque aún no está claro cuáles serán las consecuencias de las manifestaciones del pasado 29 de mayo, una cosa es cierta: demostraron de manera inequívoca que Brasil se encamina a gigantescos enfrentamientos políticos en los próximos meses, en los que serán empujadas todas las clases sociales, sin excepción. . Desempleo, hambre, inflación, genocidios sanitarios y policiales, la indignación asesina de Bolsonaro y sus marchas de la TFP (Terraplanistas, Fascistas y Pandemias) agitan y empujan a las masas a la lucha. Frente a este león real, Braga Netto, Helenos y otros generales golpistas son solo enanos de papel. Los signos de reanimación se sienten en todas partes, y van desde su expresión más consciente, organizada en torno al Campamento Manoel Ribeiro y la Liga de Campesinos Pobres, hasta el creciente compromiso de capas medias e intelectualizadas contra el gobierno, y son la confirmación de lo que el las grandes rebeliones de junio de 2013 anunciaran con tanta fuerza: el nuevo ciclo de ascenso explosivo del movimiento de masas, tras décadas de letargo y relativa falta de compromiso con el destino del país, alimentado por la adhesión de la mayoría de estos sectores a los gobiernos socialdemócratas del PSDB y al PT.

 

Decíamos en nuestro último editorial que Colombia nos sirve de ejemplo y, al mismo tiempo, de advertencia. La ola de rebeliones populares, que ha sacudido a América del Sur desde 2019, no dejará de pasar por Brasil. La inestabilidad de la región, como dicen los analistas burgueses, descansa sobre bases muy objetivas, como el desmantelamiento incluso de los modestos parques industriales instalados aquí, el deterioro de los ingresos, la impresionante sucesión de décadas perdidas por el obstinado compromiso de servicio del las clases dominantes locales de los grandes burgueses y terratenientes al imperialismo, principalmente norteamericano, ya la ilusión de tantos en el desarrollo nacional bajo sus talones. En el plano político, este retroceso de los derechos sociales coincide, en nuestros países, con los procesos de “redemocratización”, lo que sólo demuestra la hipocresía de la burguesía liberal y de su hermano pequeño, el oportunismo pequeño burgués, incapaz de realizar siquiera reformas ( en teoría) compatible con el capitalismo. La base última de nuestra tragedia secular, el latifundio, permanece intacta como principal pilar económico, perpetuando las legiones de los miserables que, tras generaciones despojadas en relaciones serviles y luego expulsados del campo, inundan las grandes metrópolis donde son pasto de la reproducción de la misma exploración voraz. La acción sanguinaria y genocida de los aparatos represivos oficiales y extraoficiales contra las masas insurrectas (aparato cuya estructura se instaló durante los regímenes militares, conservada y sofisticada después de su fin) es la única política social latinoamericana para enfrentar la disidencia y los pobres. Un “diálogo” en el que los argumentos que se movilizan son amenazas de golpe y estados de excepción.

 

Lo que vimos en Pernambuco, con la acción cobarde, fría y criminal de la Policía Militar contra la protesta pacífica, que resultó en el paso de dos trabajadores cegados por balas de goma, es una muestra del grado de violencia que tendrá la próxima ola de manifestaciones en Brasil. Tendrás que afrontar. Ocurre que los casos recientes de Chile y Colombia, sin mencionar el nuestro de junio de 2013, demuestran que la represión alimenta las movilizaciones, y estas se radicalizan a la misma velocidad con que las golpea el salvajismo reaccionario. A diferencia de los liberales burgueses y pequeñoburgueses, cuya naturaleza de clase es vacilar y traicionar, traicionar y vacilar -como hemos visto con restos en la actuación pusilánime de “Sus Excelencias” en un IPC hecho para la plataforma electoral – las masas populares lo hacen no falta combatividad y disposición a los mayores sacrificios en defensa de sus intereses y de su dignidad. Si hasta ahora esta combatividad aún no ha podido encontrar un rumbo capaz de extenderla hasta sus últimas consecuencias, al menos en una escala relevante hasta el punto de interferir en toda la situación, sus enfrentamientos la están preparando. La capitulación de los liderazgos oportunistas, seguida de una traición descarada y una resaca prolongada, ha sido la norma. Veremos qué ocurrirá cuando esa fuerza potencialmente infinita de movilización converja con la acción consciente de las filas organizadas del proletariado.

 

Los tontos pueden preguntar: “¿pero dónde está esta fuerza?”; o, “aunque la situación es realmente explosiva, los revolucionarios son débiles, minoritarios, etc.”. Estos incrédulos y obtusos no se dan cuenta de que la fuerza se prueba y se fortalece en el combate mismo, como un músculo que se desarrolla a través del esfuerzo, y que la conciencia se eleva al actuar bajo una dirección dotada de una comprensión científica de la realidad. Es precisamente esa “situación objetiva favorable” la que permite que una organización política minoritaria – pero muy cohesionada y capaz de identificar y enfocarse en el punto crítico en cada etapa de la lucha – crezca y se convierta en una fuerza irresistible, cubriendo un terreno que, en tiempos normales, llevaría años y décadas atravesarlo. A esos metafísicos, esclavos de la rutina, se dirigió Marx, cuando dijo acertadamente que “cada paso del movimiento real es más eficaz que una docena de programas”. Esto no tiene nada que ver con la renuncia a la teoría de vanguardia. Es precisamente la corrección de esta teoría y el compromiso con ella lo que obliga a todos a actuar, con la máxima decisión y previsión.

 

La magnitud y profundidad de la crisis general de descomposición del imperialismo y la resultante explosividad de las masas a escala mundial sugieren que la historia universal ha entrado en una nueva era de revoluciones. La situación nacional, como parte de esta formidable crisis, apunta a los tiempos ya tormentosos en los que vivimos y que nos esperan grandes batallas. El precio de la liberación será caro, solo puede resultar de un parto doloroso y prolongado. Pero, más caro pagará la reacción con su ruina: la tumba oscura e insondable. La condición para esto es que acabemos con la conciliación, con las soluciones negociadas, con las ilusiones reformistas de fracasos tan repetidos, con el compromiso con los viejos, con la timidez, con la parálisis, con la vacilación. ¡Desechar las ilusiones electorales y prepararse para la lucha!